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X-Men: Te perdono, Bryan Singer.

ATENCIÓN, SPOILERS:

Y pensé que no iba a ser capaz. Si hubiera tenido tu Whatsapp te habría mandado más de una vez la mierdita con ojos. Te tenía rabia, rencor, interés… Te perdoné que dejaras que otro hiciera X-Men 3 porque tenías que hacer la peli de Superman, pero cuando vi ese quiero y no puedo de Superman Returns, me quedé sin argumentos a tu favor.

Pero Days Of The Future Past te redime en mi corazón. Has hecho algo más que una buena película, has salvado la saga.

Pensar que “Arma-X”, la historia de cómo Lobezno consiguió su esqueleto de Adamantium,se iba a quedar en los cuatro flashbacks poligoneros de Lobezno:Origen era de las cosas que más pena me daba, te te has cargado esa peli.

Pensar que la muerte de Phoenix que iba a poder verse en cine era esa basura de XMen3 me daba rabia conociendo la historia original. Y has borrado esa peli.

Pensar que XMen : Orígen, maravillosa película, quedaría en un spin off breve, me dolía… Y has hecho crecer el pasado.

Como todas las películas con viajes en el tiempo, esta hace cosas que no aguantan un sesudo examen, la primera de ellas la forma chapucera en que se justifica que Kitty Pride pueda hacer viajar tanto tiempo a alguien, pero tampoco estaba muy claro en los cómics y nos lo comimos con Phosquitos.

Tu película, sin ser redonda, tiene algunos de los momentos más brillantes que se pueden ver en el cine actual. Grandiosidad, humor, esfuerzos por dar a cada personaje una carga de profundidad… ¿Cuántas películas tienen la mitad de eso y las nominan al oscar mientras seguimos esperando que nominen a algo que no sea técnico a las pelis de superhéroes?

Me fascina cuando los críticos rancios se deshacen con las innovaciones técnicas de Orson Welles, o de Hitchcock en La Soga y no saben ver que el cine de superhéroes está generando algunos de los mejor resueltos problemas técnicos del cine de los últimos 20 años.

La escena de Mercurio es inmejorable, la de el “rodeo” de la casa blanca, majestuosa, cada aparición de Magneto, un festival de ironía, cada batalla de Lobezno, cada patada de Mística… Los guiños a los frikis son brillantes (Esa conversación entre Magneto y Mercurio sobre paternidad…)

Si sales de ver esta película insatisfecho, probablemente eres de esos que cuando ven el Taj Mahal dicen: “Tampoco es para tanto. Me lo imaginaba más grande”

Me gusta más XMen 2, me gusta más XMen: Origen, pero esta película me hace recuperar la fe en ti, en que Apocalypse va a ser grandiosa y me hace albergar la esperanza de que la próxima peli de Lobezno se llame “Arma X” y veamos ese cómic glorioso adaptado por fin.

Así que te perdono, Bryan Singer, te perdono algún momento tedioso, algún Deux es Machina que te permites. Me has reafirmado en que el cine de superhéroes está haciendo cosas muy grandes que algún día los rancios elogiarán.

A esos rancios que piensan que el cine es otra cosa que una historia que te llene los ojos, a esos no los perdono.

Antes de Twitter, todo esto era campo.

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Una de las cosas que más me sacan de quicio son los que entran en Twitter para decir que antes de Twitter teníamos vida. (junto con los helados que te cuelan la vainilla, los que, si les nombras a Tim Burton, siempre dicen “tiene un universo propio” y los que te agregan a una conga y luego se van)

Son estos amantes de parar el mar con los dedos, muy amigos de decir cosas como:

“Es que, antes de Twitter quedabas para tomar un café con los amigos y te pasabas la tarde charlando”.

Y una mierda.

En realidad, antes de Twitter, todo esto era campo. El mundo era más pequeño, más ignorante. Un pueblo aislado en el que las únicas opiniones que tenías para contrastar las tuyas, eran las de esos cuatro amigos de tu barrio, cole o pueblo, las de tu familia y la de tu cuñao.

Ahora, mágicamente, ante cualquier tema que te interese, tienes acceso a las opiniones del mundo entero, de gente mucho más informada, más inteligente, más interesante incluso que tu cuñao.

Tener el mundo para ti pone en evidencia a los que no quieren todas las opiniones para no tener que pensar tanto.

Los que odian las redes sociales son los que prefieren que el mundo sea pequeño para creerse que lo dominan.

Pero es igual, la historia del mundo ante los avances es siempre igual: Primero negarlos, luego ponerse en contra y al final, acabar asumiéndolos enfadados. Estoy seguro de que cuando inventaron la rueda habría gente diciendo:

“Antes de la rueda la gente iba tan feliz, cargando sus piedras en la espalda y había más tiempo para hablar. Te rompías la espalda, pero hablabas”

Me iré un poco atrás, pero no tanto, a cuando llegó el móvil y los rancios gritaron al unísono: “¡Yo nunca tendré móvil!” y ya empezaron con la teoría: “Va la gente hablando por la calle, como si estuvieran locos, a mí no me llames por teléfono, queda conmigo y nos tomamos un café” (qué manía con tomar cafés, esta gente tiene que tener la tensión por la nubes).

Poco a poco, sin confesar nunca que fueron unos bocazas, se fueron comprando móvil: “Es por tener a mi madre controlada, que está con la tensión baja”. Pues ya sabes, listo, dale café.

Y entonces llegaron las redes sociales y los caducos pusieron el grito en el cielo: “Yo no tengo Twitter “de ese”, yo tengo amigos de verdad”

¿Pero qué argumento es ese? ¿De verdad cambia algo que conozcas a más gente por las redes la realidad de que, cuando necesitas amigos descubres que tienes muchos menos de lo que pensabas?

No querer estar ahora en una red social es lo mismo que seguir leyendo pergaminos porque “eso de la imprenta es lo que va a joder la literatura”.

Y así siguen, y así seguirán, cada vez que aparezca algo nuevo que pueda suponer la posibilidad de explorar mundos nuevos, gentes nuevas, cabezas nuevas, ellos dirán: “Antes no teníamos eso y mira qué bien he salido yo” (Siempre me han fascinado los que dicen esta frase ¿de verdad están convencidos de que ellos han salido bien?).

Mientras tanto, yo seguiré disfrutando del Twitter que me he fabricado siguiendo a unos, “unfolloweando” a otros, perfilando mi timeline a mi gusto, disfrutando mucho del reto de crear un buen tuit y de la delicia de leer los que otros han creado. Conociendo gente interesante, mucho más que mi cuñao.

Y escuchando a los secotes desde lejos diciendo: “La cantidad de tiempo que perdéis en esas mierdas”, no sabiendo lo que se están perdiendo ellos…

¿Queréis saber lo que se están perdiendo? Os lo cuento un día, tomando un café.
😉

Vídeo

Lo siguiente a madurar, es pudrirse.

A ver si te comportas, a ver si apruebas, a ver si te echas novia, a ver si encuentras un buen trabajo, a ver si te compras un piso, a ver si te casas, a ver si llega la parejita, a ver si te compras un coche más grande, a ver si te ascienden, a ver si tus niños se comportan, a ver si aprueban, a ver si se echan novia, a ver si encuentran un buen trabajo…

… A ver si te mueres sin molestar.

Así, a golpe de cubrir expectativas sociales, de hacer tuyos sueños ajenos, vas renunciando al niño que eres, con la esperanza de que alguien diga: “Era una persona de los pies a la cabeza” justo ese día en que, de tus pies a tu cabeza, vaya una tabla de madera de pino.

Y, mientras tanto, otros tenemos la cabeza en los pies, decepcionamos, molestamos, irritamos, nos salimos del borde del dibujo, molestamos tanto que tenemos que crear nuestra propia Fortaleza de la Soledad.

Y nos olvidamos de esperar que alguien nos dé una palmadita en la espalda felicitándonos por ser como todos, por dejarnos etiquetar, por reducirnos a un concepto: “Paco es majo” “Marta es muy agradable” “Paco y Marta son encantadores”.

Quedaos los maduros con la aceptación social, con las invitaciones a la comunión de tu primo, con el jefe diciéndoos que tiene muchos planes para vosotros en la empresa.

Madurad hasta pudriros.

Nosotros seguiremos siendo de esos que se niegan a madurar para conservar dentro de nosotros al niño de este video:

Niño viendo volar a Superman.