Vídeo

Lo siguiente a madurar, es pudrirse.

A ver si te comportas, a ver si apruebas, a ver si te echas novia, a ver si encuentras un buen trabajo, a ver si te compras un piso, a ver si te casas, a ver si llega la parejita, a ver si te compras un coche más grande, a ver si te ascienden, a ver si tus niños se comportan, a ver si aprueban, a ver si se echan novia, a ver si encuentran un buen trabajo…

… A ver si te mueres sin molestar.

Así, a golpe de cubrir expectativas sociales, de hacer tuyos sueños ajenos, vas renunciando al niño que eres, con la esperanza de que alguien diga: “Era una persona de los pies a la cabeza” justo ese día en que, de tus pies a tu cabeza, vaya una tabla de madera de pino.

Y, mientras tanto, otros tenemos la cabeza en los pies, decepcionamos, molestamos, irritamos, nos salimos del borde del dibujo, molestamos tanto que tenemos que crear nuestra propia Fortaleza de la Soledad.

Y nos olvidamos de esperar que alguien nos dé una palmadita en la espalda felicitándonos por ser como todos, por dejarnos etiquetar, por reducirnos a un concepto: “Paco es majo” “Marta es muy agradable” “Paco y Marta son encantadores”.

Quedaos los maduros con la aceptación social, con las invitaciones a la comunión de tu primo, con el jefe diciéndoos que tiene muchos planes para vosotros en la empresa.

Madurad hasta pudriros.

Nosotros seguiremos siendo de esos que se niegan a madurar para conservar dentro de nosotros al niño de este video:

Niño viendo volar a Superman.

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