Rogue One: Patos Salvajes


Prólogo: El partido de beisbol.

Haced una prueba por mí, por entender bien este artículo: Probad a poneros un partido de Beisbol, sobre todo los que no tenéis ni idea de ese deporte. Si os pasa como a mí, os vais a tirar un buen rato mirando la tele sin entender absolutamente nada y preguntándoos cómo puede ser este uno de los deportes más seguidos del mundo y cómo puede haber gente que se emocione tanto con esos señores haciendo cosas que no comprendes.

Ahora haced una cosas más…

(A estas alturas más de uno habrá dicho: “Vete a la mierda, Arturito, ¿¿quieres hablar ya de Rogue One??)

… Llamad a alguien que sepa de beisbol, invitadle a casa y poned otro partido mientras esa persona os explica las claves, por qué ese jugador se pone ahí, por qué esa puntuación es tan emocionante, por qué ese equipo ha cambiado a ese otro jugador… 

A lo mejor después de la experiencia sigue sin gustarte el beisbol, pero ya entenderás que emociona a tanta gente, porque habrás conocido las claves que lo hacen emocionante para otros.

Pasa con muchas cosas: Ver un cuadro junto a un conocedor del arte, recorrer una ciudad junto a alguien que la ama, probar un plato mientras un experto te explica su proceso y su exclusividad.

Pues eso pasa con Star Wars y, especialmente con Rogue One. (por finnnn). La saga se está haciendo tan grande, tan inabarcable, que, especialmente esta película, regalo a sus fans más intensos, seguramente sólo se pueda disfrutar conociendo las claves, por qué ocurre lo que ocurre, por qué una frase, un rostro, una cara, puede dejar fría a la mitad de la audiencia y hacer saltar el corazón de la otra mitad.

Pondré un ejemplo seguramente muy idiota y, por eso mismo, válido:

Durante un momento de Rogue One dos soldados de asalto hablan entre ellos y uno le dice:
¿Sabes que van a retirar los T-15? (unas naves de servicio)

Suena a conversación de relleno entre dos curritos hablando de cosas de trabajo mientras aguantan el turno de guardia que les ha tocado. Y, de hecho, eso es realmente. 

Pero si amas esta saga, si has visto las películas mil veces, entonces recuerdas que en Episodio IV, la película de 1977 de la que esta es una precuela, durante una conversación parecida entre otros dos machacas del Imperio uno de ellos dice:

- ¿Has probado ya el nuevo T-16?

Y ahí es donde, una frase absurda para ti, consigue una emoción en nosotros.

Primera parte: Otra nueva esperanza

En 1977 una película arrasó en el mundo entero y creó una mística que ha llegado hasta aquí. Se llamó en España “La Guerra de las Galaxias” y contaba una historia que nos parecía de aventuras hasta que sus continuaciones la fueron haciendo grande y profunda. 

En 2016 surge Rogue One, el primer spin off de la saga que no se centra en la vida de la familia Skywalker aunque dos de ellos participen en la historia. En aquella película se contaba cómo unos planos de la Estrella de la muerte habían sido robados y descubrían un tremendo fallo de construcción que podía ayudar a los enemigos de la Rebelión a destruirla como así pasa.

Siempre habíamos hecho una tremenda suspensión de la realidad, los que amamos la saga, ante esa cosa tan rara de que, en una construcción tan magnífica existiera un punto flaco que, simplemente con un par de rayos laser bien colocados, pudiera destruir todo ese planeta artificial. 

Ahora esta película nos recompensa tantos años de consentirle errores a la saga explicando por qué existe ese punto y creando una historia alrededor de él. ¿Entendéis ahora un poco nuestra emoción? A lo mejor no la compartís, pero ya sabéis de dónde viene. 

Rogue One no es, como era el Episodio VII, una vuelta a la trilogía clásica, ni una presentación a las nuevas generaciones de este universo. Esta película es, entre otras cosas, un regalo a los fieles. 

Un paseo por nuevos planetas de esta galaxia, como ese maravilloso planeta Jedah, una especia de Meca para los Jedis (¿Resultará que se les llama Jedis precisamente por este planeta?). Una nueva visita a algunos míticos como Yavin 4 (la cuna de la Alianza Rebelde vista, por fin, con mucho más detalle) 

A lo largo de toda la película los fans vamos de pellizco en pellizco visitando Mustafar (El planeta en que ¨murió¨ Anakin y ¨nació ¨Vader, veremos el Tanque de Bacta (una referencia en los libros del universo expandido) 

Volveremos a ver a Bail Organa, a Tarkin, a los AT-ST, al Lider Rojo, a la Tantive IV (la nave que vimos nada más empezar “La Guerra de la Galáxias” la primera impresión en nuestros ojos de frikis, el primer amor).

Vamos a ver a Ponda Babba y el doctor Evathan fuera de la cantina de Mos Eisley, a la Ghost de Rebels…

Y vamos a ver, por fin, a Vader demostrando el cruel asesino que es tras su paso al lado oscuro, demostrando por qué es una amenaza que, de ser un servidor, acaba siendo el elegido por Palpatine para heredar el imperio. Esa escena de Vader recorriendo un pasillo matando soldados con total crueldad, vale, para los que llevamos años amando estas historias, por todas las críticas de quien no sabe entenderlo.

Segunda parte: Pero además….

Igual que con la saga de Marvel, su productora está intentando abarcar un género diferente con cada película (Espionaje en el Capitán América, mística en Thor, Robos en Ant Man, Comedia en Guardianes de la Galaxia…) 

Este parece ser el objetivo de los spìn off de la saga central de Star Wars. Me atrevo a imaginar que la película de Han Sólo va a ser una comedia de aventuras y la de Boba Fett un thriller setentero de cazarrecompensas tipo La Huida de Peckinpah

Gareth Edwards nos presenta aquí una película bélica del estilo de Doce del Patíbulo, El desafío de las Águilas y, sobre todo, Objetivo Birmania de la que copia hasta el escenario de mar y palmeras (Ni a un sólo crítico campanudo le he leído hacer este paralelismo que, a poco que te fijes, es muy obvio). 

Esta es una típica película de escuadrón metido en una misión suicida cuya gloria es conseguir su objetivo aún pereciendo en el intento. Por eso se mueve en esos parámetros de personajes duros, no especialmente entrañables con un pasado delictivo que tienen, en esta misión una especie de redención de sus pecados. 

Y esto está contado con un pulso fuerte, con movimientos de cámara al hombro al estilo de Apocalipse Now, con escenas paralelas en las que, cada grupo del escuadrón se enfrenta a retos para lograr el éxito común y con un sentido de la tragedia que va más allá del sentimentalismo.

   “Haced que 10 hombres parezcan 100”

Epílogo: Lo siento, pero no.

No deja de ser curioso que, mientras un crítico de música clásica jamás se pondría a opinar sobre un disco, por ejemplo, de rap, los críticos de cine se permitan opinar sobra cualquier estilo cinematográfico y meterlo todo en el mismo saco: Película.

Por eso vamos a leer estos días un montón de críticas de señores críticos tutelados que, sin duda, saben mucho del cine de Hitchcock o de Rohmer o de Ford porque han estudiado su estilo, sus historias, han leído libros sobre ellos y conocen sus claves más recurrentes, pero que se enfrentan a una saga como esta y a una película como esta, que también necesita de un conocimiento más grande que el mero análisis de: “La película entretiene o no”, que también requiere conocer y haber estudiado de dónde vienen las cosas que están viendo. 

Y por eso, señores críticos, siento decirles que, o hacen los deberes, o no haré nunca caso a sus opiniones de persona desinformada cuando hablen de estas películas.

Porque películas como esta vosotros las miráis como quien mira beisbol, mientras nosotros somos quienes entendemos las claves, los personajes, las jugadas. 




Rogue One no es para vosotros, pobres Muggles, es nuestra. Por eso no hace falta que os guste. 

 La Fuerza me acompaña, soy uno con La Fuerza.

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SENTIR LOS COLORES

4 de diciembre de 2016. 
Querido diario:
Un día más que sigue sin interesarme el fútbol. No sé qué hacer. A este paso no me van a querer nunca. Dicen que un doctor en Wichita te da unas descargas en el cerebro y, con la terapia adecuada, empiezas a interesarte y a hablar sentir tus colores. Te garantiza que, en pocos meses, empiezas a ser como la mayoría de la gente, dejas de tener otros gustos más polémicos y por fin, te querrán todos porque estás bajo su abrigo, el abrigo de todos, el que da calor si aceptas ser como ellos. 

Ellos ya me lo advertían en la redes cada vez que yo decía que no me interesaba lo mismo que a ellos: “¿Es que te crees superior?” No sé por qué daban por hecho que no interesarte por lo de la masa es ser superior, no quiero pensar que tengan complejo de inferioridad porque en el fondo sienten que el miedo a no sentirse aceptados es lo que les mantiene ahí. Yo no me sentía superior, simplemente diferente. Pero debo estar equivocado. ¿Si tantas moscas adoran la miel, quién soy yo para preferir al tomate?

Otra cosa que me decían es que, decir que no me interesaba el fútbol es un insulto a los que sí. Esto lo he reflexionado mucho, porque me obliga a pedir perdón a los expertos en la incubación de huevas de cangrejo, a los que saben dónde están las cosas en el motor de un coche, a los que usan maletín en lugar de mochila, a los que dominan el estucado, a los que coleccionan dedales… A todos esos temas que no me interesan. Jamás supuse que mi falta de interés era un insulto a su afición, pero si lo dicen tantos, es imposible que se equivoquen. 

Espero que ese bendito doctor me cure, sane mis tendencias insanas, mis intereses no aprobados por la mayoría y, sobre todo, me haga sentir unos colores. 

Eso sería un sueño, seguir a unos colores pase lo que pase, sin tener que hacer procesos mentales de ningún tipo, seguirlos porque son tus colores y punto, abandonar el molesto espíritu crítico que te impide disfrutar de las cosas ¿Sigues mis colores? Eres de los buenos. ¿Sigues otros? Eres malo y, por supuesto, todas tus opiniones están equivocadas y no merecen ni un segundo de desgaste mental para mí… 

Será maravilloso disfrutar de la cantidad de horas dedicadas a esto en televisiones, radio, prensa… Horas que nunca se dedicaban a lo que a mí sí me interesaba sin que me pudiera quejar de ello. Ahora lo disfrutaré, le gritaré a la tele cuando se metan con mis colores y me levantaré la camiseta corriendo por el salón cuando ganen los buenos, los que molan, los MÍOS. 

¡Ah, que gran paraiso aquel de las verdades no discutidas porque vienen de una marca de confianza a la que no debes poner en duda!¡Ah, qué gloriosa vida la de el que jamás se plantea nada sino que espera a que los suyos le digan lo que debe sentir. Con un poco de suerte, el tratamiento me sirve también para sentir mis colores políticos. Así habrá otra cosa a la que pueda apoyar sin pensar. Es tann molesto pensar que, en cada cosa pueden tener razón ideas distintas…

Antes de partir hacia un mundo mejor, en el que me gustará todo lo que vosotros queráis, quiero pediros disculpas por estos años locos e insanos en los que he pretendido ocupar mi ocio y mi interés intelectual en cosas diferentes a las vuestras. No sé quién cojones me creía que era. La prepotencia del adolescente, supongo. 

Voy hacia vosotros… Esperadme con banderas a las que seguir ciegamente. 
Cuando quiera, doctor…