Arrival. La espada y la pluma. 


Quien ha aprendido un nuevo idioma, ha descubierto el placer enorme que es ver las cosas desde otro ángulo conociendo formas diferentes de llamarlas. Pondré un ejemplo tonto: En holandés, a lo que en España llamamos “Erección matutina” (esa con la que nos levantamos los hombres) ellos lo llaman “alegría de la mañana”. Desde que lo sé, ese cambio en la manera de llamarlo me ha hecho sonreír más de un día al levantarme. 

Es  algo que los protagonistas hablan en un momento del film: El idioma que usamos, las palabras que conocemos, limitan nuestra manera de ver la vida y el conocimiento se amplía con cuantas más formas conocemos de llamar a las cosas.

Cada cierto tiempo encuentras una película con tantas aristas que eres muy consciente de no poder abarcarla escribiendo sobre ella. Y cada cierto tiempo, la ciencia ficción, ese género tan despreciado por los que no lo conocen, demuestra su poder para ser, curiosamente, la mejor forma de expresar ideas reales que expliquen nuestra sociedad.

En Arrival está el ADN de 2001 (monolitos que traen conocimiento) y la música de fondo del Interstellar de Nolan, pero hay mucho más detrás de esta historia. 

Arrival habla de muchas cosas, pero, sobre todo, para mí, habla de algo que me ha fascinado desde pequeño: La fuerza del lenguaje.

Jamás he creído que las palabras no sean armas igual o más poderosas que los cañones. Algo parecido dijo el Doctor Henry Jones Senior en aquella Última Cruzada: “La pluma siempre vence a la espada”.

Las palabras curan y hieren y quien no crea eso, no ha sentido el consuelo de un “te quiero” ni la punzada de un ”Ya no te quiero”.

Y de esto, entre muchas otras cosas, habla Arrival.

Me hace gracia que, justo con esta película, alguien me pidiera ayer que la resumiera en una sóla palabra, cuando justo esta historia reflexiona sobre lo que no se puede resumir, sobre lo que necesita ser entendido en su plenitud para sacar todo el conocimiento de ello.

Me hace gracia igual, que algunos digan que es lenta, cuando no hay películas lentas ni rápidas, hay películas que cogen o no su ritmo perfecto para contar la historia que deben contar en el tono en que necesita ser contada. 

Igual que a la protagonista le ocurre, la película necesita de toda tu atención para ser comprendida del todo, y necesita que todo vaya paulatinamente creciendo en tu cabeza, desde los primeros mensajes incomprensibles hasta que empiezan a llenarse de sentido y te permiten, por fin, comunicarte con la película.

Por eso, sólo piensa que es lenta quien tiene prisa por llegar al final sin entender que no se puede subir al Everest en helicóptero y pretender sentir el mismo orgullo que quien lo ha ascendido piedra a piedra, metro a metro. 

La protagonista de esta historia apuesta por ir, paso a paso en el conocimiento de ese nuevo idioma que le enseñan los extraterrestres mientras, a su alrededor, quienes tienen tanta prisa que no están dispuestos a hacer el esfuerzo de esperar, afilan cuchillos y gritan. “Como no lo entiendo, le disparo”.

Por eso ella, cuando tras el lento trabajo de tratar de entenderse con el supuesto enemigo, llega a conocer su idioma, adquiere también el poder de ese idioma. 

Saber más palabras, estar abierto a más maneras de nombrar a las cosas, es una forma de convertirse en superhéroe más probable que esperar un accidente de laboratorio.

Como he dicho, no podía parar de pensar en esto a la salida del cine. Cuántos conflictos actuales se basan en lo poco que conocemos al de enfrente. Cuánto de nuestra prisa, y de nuestro miedo hay en atacar en lugar de preguntar. Cuánto de brutalidad existe en quien maneja un prejuicio en lugar de hacer el esfuerzo de comprender al otro.

Arrival habla de muchas cosas, pero, sobre todo, habla de nuestra prisa, de nuestra inseguridad, de odiar lo que no se conoce porque es más cómodo que tratar de estudiarlo. 

Tenía usted razón, Doctor Jones, la pluma puede más que la espada, pero desgraciadamente, para los buscadores de atajos fáciles, es más complicado saber usarla. 

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3 comentarios en “Arrival. La espada y la pluma. 

  1. Álvaro V. dijo:

    Muy buena reflexión sobre la potencia del lenguaje. Sin embargo, hay algo que creo que debe ser visto más bien desde la perspectiva opuesta, respecto a la palabra que se usa para nombrar algo (el alegre vocablo holandés, por ejemplo).

    ¿No crees que ese tipo de ejemplos sólo pueden cambiar -y parcialmente- nuestro comportamiento respecto a lo que refieren, cuando partimos de unas referencias diferentes? Es decir, un holandés que ha vivido siempre en presencia de esa palabra, probablemente está tan acostumbrado a ella que para él, simplemente es una acepción diferente, igual que para nosotros “ojo del huracán” no nos remite a los ojos de la cara de un ser vivo, y lo tomamos como acepciones diferentes de un mismo conjunto de letras “ojo”.

    Lo que quiero decir, es que el lenguaje, con la indudable potencia que tiene, acaba por ser la consecuencia, más que la causa, del resto de cosas que caracterizan a una sociedad. El ejemplo quizá más polémico es la posición de muchas personas que hoy en día creen que por escribir palabras terminadas en “xs” para no caer en sexismos lingüísticos van a reducir el sexismo realmente existente. Yo soy más partidario de creer que, si lo que queremos es que cuando decimos por ejemplo “un grupo de investigadores”, no nos venga a la cabeza un grupo formado únicamente por personas con testículos, lo que hay que hacer es equilibrar la diferencia de sexos realmente existente en ese campo para conseguir que en la ciencia, en los altos cargos de empresas, etc., haya tantas mujeres como hombres.

    A partir de ahí, podemos usar las palabras que queramos, ya que cuando digamos “grupo de investigadores”, no nos quedaría otra que imaginar un grupo en el que claramente no hay dominancia masculina: la potencia del lenguaje, independientemente de las letras que lo formen, iría en un sentido más justo y, sobretodo, realista.

    Un saludo, y disculpas por el ladrillo de a kilo.

    • Lectora dijo:

      Al varó, es que la x o la e no se usa solo para evitar el sexismo sino para incluir a gente que no se sienten ni hombres ni mujeres (son agenero). En las universidades de EEUU lo han aceptado y el primer día te preguntan con que pronombres quieres que se dirijan a ti si femenino, masculino o neutro. En español (pese a ser un lenguaje que viene del lartin que si tenia pronombres neutros) no tenemos pronombres neutros y se utiliza la terminación e, que es mas sencilla de decir que la terminación en x o en @.

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