La obertura del Loco Julián. 


En mi barrio había un loco (en realidad era una persona con una enfermedad mental, pero la crueldad humana lo reducía a “loco”). Uno de esos que van sucios y enfadados hablando en alto calle arriba, calle abajo. Llevaba un radiocassete ochentero en la mano y paseaba gritando las cosas más surrealistas. Yo me cruzaba con él muchos días y escuchaba sus frases sueltas mientras pasaba a mi lado.

– ¡Dejaos de comer pan!! el pan os vuelve tontos!

– ¡Pues si no quieren que la gente aparque, que no hagan coches!

– ¡Quita el calor… Quita el calor y me callo!
Cada 100 metros se paraba, ponía el radiocassete en marcha y cantaba un trozo de “Angelitos negros” de Machín.

– Pintor que pintas iglesiassssss

En el barrio lo conocíamos todos y nos mirábamos con una sonrisa cuando se ponía a gritar esas cosas. Era nuestro loco, no hacía daño a nadie, y era entrañable. El Loco Julián. 

Durante una temporada le dio contra la gente que comía helados, cosas de loco, de manera febril se plantaba delante de cualquiera que llevara un helado y lo ponía a parir:

– Eso que comes, eso mata. Congela el estómago… Claro, porque eso es industrial… Y mancha la acera y se tropiezan los niños. 

El pobre comedor de helados se quedaba paralizado escuchando la bronca, luego el loco seguía su camino un rato y volvía a cantar.

– Pintor, que pintas iglesiaaaasssss.

Al rato aparecía la madre azorada pidiendo perdón a todo el mundo y diciendo que se le había vuelto a escapar, que a veces la medicación no le hacía efecto. Todo muy pintoresco, muy de la España de antes, muy triste pero tierno a la vez.

Un día, un grupo de chavales aburridos decidieron usar al Loco Julián para echar la tarde. Yo fui testigo mientras esperaba el bus de cómo se acercaron a él, que estaba sentado en un banco mirando fijo a un punto inconcreto, y empezaron a azuzarle.

– Mira Julián, este come helados.

Señalaban a uno de su mismo grupo que estaba apoyado en un coche.

– No te hace caso, Julián, dile algo, que este es un pringao. Está poniendo el suelo perdido. 

Risas de boca abierta, escupitajos en el suelo, codazos de complicidad. ¡Qué bien lo estamos pasando con Julián el loco!

Lo mismo fue el calor, que no se había tomado la medicación o vaya usted a saber, pero por primera vez, Julián soltó el radiocassete de Machín, se fue al muchacho del helado, se lo tiró de un manotazo y comenzó a darle empujones en la cabeza contra el coche.

No fueron muchos, los demás enseguida le pararon, pero suficiente como para que se hiciera un aparatoso corte en la ceja y Julián el loco acabara en la acera gritando poseído. Al rato llegó la poli, la ambulancia, los vecinos y, bueno, ya os imagináis la escena.

No he vuelto a ver a Julián por el barrio. Veo a su madre de vez en cuando que aún va mirando hacia abajo como pidiendo perdón por “aquello que pasó con los helados”.

Sí suelo ver a esos chicos, ellos no piden perdón por haber incitado a la violencia a un loco. Aquello quedó en un: “Si es que Julián no estaba para estar en las calles” ninguna consecuencia para los dinamiteros, toda la culpa era de la bomba.  

El lenguaje es una herramienta: Calma a los niños cuando les decimos cosas bonitas en bajito, enamora cuando tratamos de conquistar a alguien, excita el deseo si damos con las palabras y el tono adecuado y, por ese mismo poder, altera el estado de ánimo cuando de usa de forma agresiva con dientes apretados y baba colgandera. Quien lo usa, puede usar un bálsamo o un arma. 

El problema no es que un hater, que en su vida privada es probablemente una buena persona aunque tímido y con problemas de reconocimiento social, busque llamar la atención y sacar paquete poniendo esas cosas.

El problema es que eso puede leerlo cualquiera, incluso el loco Julián, que no distingue, que no matiza, que no diferencia helados de gays de islamistas de semáforos d seguidores de tal o cual equipo o de tortilla sin cebolla. 

El problema es que el gota a gota de agresión y violencia verbal en las redes llega a todas las cabezas, a las sanas y a las enfermas. Y un día, un Loco Julián cualquiera, monta una desgracia en nombre de una idea que ni siquiera entiende muy bien para sentirse, por primera vez, el héroe de cuatro matones de teclado. 

Matones que seguirán pensando que no tienen siquiera una remota responsabilidad por fabricar, cada día, un gota a gota de violencia. confrontación y odio. 

Ellos leerán un día la noticia trágica, se pondrán un hashtag solidario, colgarán una lágrima de colores en instagram y continuarán con su gota malaya de odio pensando: “Cuánto loco hay en el mundo”. Ninguna culpa para el fuego. Toda la culpa para la dinamita. 

– Pintorrrr que pintas iglesiassss

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12 comentarios en “La obertura del Loco Julián. 

  1. Sonia dijo:

    Nunca me habia parado a pensarlo de ese modo… El tema de la responsabilidad individual es algo que se tiene en la cabeza pero no se le presta la debida atencion por subestimar el efecto que producen nuestras palabras en los demas. Es cierto que las redes sociales estan promoviendo la falta de empatia y la cobardia de atacar a los demas a traves de una pantalla, evidentemente eso tiene consecuencias. Esta bien haberme topado con este post y que me haya hecho reflexionar, el cambio empieza desde cada uno.

    Preciosa la forma en que lo has enlazado con aquel pobre diablo de tu infancia, un ejemplo muy cotidiano pero representativo.

    Continua dejando estas perlitas por tu blog, es un placer leerte. Un saludo!

  2. Jorge dijo:

    Y seguimos con el debate de siempre, el límite de la locura, la línea que separa el bien y el mal en todos nuestros actos, el arrepentimiento de actos ya atrás en el tiempo…

    Este 8 de Julio voy a cumplir 28 años.

    Lo único que puedo decir respecto a éste tema, es que las libertades de uno acaban dónde empiezan las de los demás.

    Ser distinto siempre estará mal visto, pero por otro lado es tan divertido…

    Siempre preferiré ser algún día como el loco Julián, que como un retrasado que actúa tan sólo por el qué dirán, que pensarán de mí, etc.

    No siento lástima hacia las personas enfermas, siento admiración. Porque a pesar de tener una vida más complicada que yo en según qué cosas, son capaces de devolver a la vida una sonrisa, y no un ladrido.

    Los prejuicios, el ego, los miedos…Pura ignorancia. Vive feliz, y procura hacer felices a los que te rodean, ellos se ocuparán de hacerte feliz a ti.

    Gran post Arturo, a pesar de que seas un viejoven cascarrabias, te estoy cogiendo cariño 🙂

  3. Hola Simón, ¿dónde vas tan aprisa?
    Para un poco, ¿qué quieres comer?

    Has visto el engaño en sus ojos
    que ya no tienen más que decir
    Los golpes ya no duelen, ¡ay Simón
    si pusieras tu cuerpo en acción!

    Vale más que te largues fuera del pueblo
    resucita tu oración y no pienses mal
    Tendrás allí el aliento de los luceros
    y tal vez el calor de algún animal
    Eres tonto Simón
    y no tienes elección
    de tu cráneo repao al cero
    quita esa gorra de obrero

    y sortea la cuestión
    Simón

    (El tonto Simón-Radio Futura)

  4. Genial. Me viene a la cabeza el refrán: “tirar la piedra y esconder la mano”. Aunque en este caso, lo que nos pide el autor es que llevemos cuidado de no poner piedras en manos ajenas.

    Un saludo.

  5. EireneM dijo:

    Hay mucha persona en Internet incitando al odio, por todos lados, no les importa herir sensibilidades, ni nada por el estilo. Mientras puedan divertirse un rato…

    Me recuerda que tuve un compañero con una enfermedad mental. Era muy inestable, y obsesivo con las personas que a él le importaban. Tanto que era una carga para las otras personas, aunque intentábamos tolerarlo. Con esto quiero decir que llegaba a ser incómodo para algunos, y molesto para las otras personas más cercanas,sin haber manera se hacer que se aleje sin que mate a todos. Un día, entre otros compañeros de cursos diferentes, lo comenzaron a ostigar, diciéndole loco y otras tonteras. Ya te imaginarás, comenzó a tirar las sillas al otro rincón de la sala, algunas a otros niños que salieron corriendo, y todos asustados. Al final la culpa era del “loco” por estar donde no debía.
    Pienso que se debería controlar, aunque alguien con problemas no le hace daño a nadie , si son conocidos , cuando llega alguien ajeno a este grupo, no sabe a quién se enfrenta. Y creo que más importante que eso, no se puede razonar con una persona que no atiende a los mismos principios, por esto, una persona con estos problemas no tiene razón de ser en un ambiente con personas normales, por que tarde o temprano le pasara algo y es inevitable. En Internet,pasa lo mismo , ya que no es posible pedir un certificado de que estas normal, sólo se pide que la gente sea mas empatica y que , no incite al odio por diversión, pero esto es imposible de lograr incluso a un plazo largo, siempre van a estar los niños inmaduros que hacen estas cosas, y que más adelante se arrepentirán, pero demasiado tarde.
    Como volviendo al tema principal, el mundo debería estar inclinado siempre a no hacer sentir mal a los demás, pero esto no va a pasar jamás por que, es un ciclo sin fin, la gente tan inmadura para odiar a alguien por ser de otro país,religion, o cultura, generalmente son adolescentes o niños inmaduros, un adulto en teoría no debería hacer esto. cuando tú concientizas a uno, nacen 5 intolerantes más, así siempre.
    Internet no es para cualquier persona, a pesar de estar al alcance de cualquiera.

    Me ha gustado, primera vez que leo algo de acá , echaré un vistazo a las demás entradas

  6. Juan Pablo dijo:

    Magnífico artículo.

    Por desgracia la sociedad, ignorante de q cn sus palabras puedan provocar el odio a lo q sea, sí piensan, vaya mundo de locos, sin pararse a pensar q ellos promueven el odio, ya q el poder de mucho de estos tipos, q además de imbéciles son personas con seguidores como pueden ser, deportista, políticos o inclusos hasta periodistas q en cierto modo su imparcialidad y objeto de información, qda en entredicho.

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